miércoles, 13 de junio de 2018

Cándida







Cándida había venido de Paraguay, había dejado allá dos nenas chiquitas con su abuela.
Trabajaba en mi casa, yo tenía quince o dieciseis años y ella tendría seis o siete más que yo.
En el verano del 86 al 87 vino a quedarse unos días mi tía Hebe, que vivía sola y se había asustado porque unos hombres que arreglaban la vereda le pidieron agua. A la noche nos quedábamos las tres hablando, Cándida le preguntó una vez a mi tía Hebe si tenía un enamorado. Yo me acuerdo que me reí mucho de la situación. ¿Cómo iba a tener mi tía Hebe, vieja y sola, un enamorado? ¿Cómo Cándida le iba a preguntar eso?
Eran épocas en las que nos reíamos de todo.

En invierno nos fuimos de viaje a la URSS, Cándida se quedó cuidando la casa. Cuando volvimos me agarré una gripe fuertísima, Cándida me hacía compañia todas las tardes mientras mirábamos la tele y las fotos de la URSS. En esos días ella había conseguido un enamorado, un chico que no tenía más de dieciocho años. Además estaba juntando dinero para traer a sus nenas a vivir con ella.

En primavera Cándida volvió un lunes volando de fiebre, se quedó acostada en su habitación. Cada vez se ponía peor.
A la tarde entre mi mamá y mi hermano la cargaron en el auto y se la llevaron al Pirovano, ya deliraba.
En la guardia la inundaron de antibióticos, me acuerdo de mi mamá con su pedagogia habitual contándonos que le dijo “ Decinos si te hiciste un aborto porque mirá que te morís”. Pero ni la confesión ni los antibióticos surtieron efecto; la septicemia no cedió.
El martes cuando nos despertamos para ir al cole nos avisaron que Cándida se había muerto.
Cuando vino Andrés, su enamorado, a casa a buscar sus cosas, razonaba que seguro que fue el sábado cuando la vinieron a buscar para que fuera a la casa de no sé quién a ver no sé qué cosa; mamá le pidió que lo fuera a declarar a la comisaría, también le pidió que si le ponían una chapita o algo en el cementerio que nos avisaran.
Nunca más supimos nada, ni de Andrés, ni de las hijitas que se habían quedado en Paraguay, ni de la tumba de Cándida ni de nada.
No me acuerdo si le contamos a la tía Hebe lo que había pasado.
Igual después se murió Corina y el año se puso todavía más negro.

De mis siete hijas la única que no entiende demasiado es Loli, que tiene 5.
El resto lo tiene bastante claro: las grandes hoy vigilia, pañuelo verde hace más de un año, las del medio conversaciones con las más grandes, Ruli que cuando la maestra les hizo escribir qué ley no debería faltar en su constitución escribió Aborto seguro, legal y gratuito.
Sea lo que sea creo que la van a tener más fácil.

Hoy salen fotos de madres con hijas, de madres con hijos, de padres con hijas, de padres con hijos, todos de orgullo verde clase media.
A mí la foto me hubiera gustado con Cándida.

Por ella, por sus hijitas que se quedaron solas en Paraguay, por las nenas de la Isla Maciel, por las pibas de fútbol y por nuestras hijas que entienden que la lucha es esta.

#Quesealey