¿Y dejas Pastor santo,
llovía, nos sentamos
en unos bancos de cemento
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto;
comimos pan de queso
y tú, rompiendo el puro
aire,
¿te vas al inmortal seguro?
Pareció que
habíamos esperado tanto
Los antes bienhadados,
y los agora tristes y afligidos,
eran trámites largos
y justo se habían agarrado a balazos
en los quinchos de River
a tus pechos criados,
al final fueron sólo algunas horas
de ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos,
ya después cada febrero, el mar, las piedras
a veces el viento
que vieron de tu rostro la hermosura,
un verano había muchos animales muertos
en la orilla: lobos marinos, gaviotas, una tortuga
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
otros se llenaban de algas y de espuma
y casi nunca de sangre.
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado, algunos diamantes
lo cortan.
Otros,
solo lo reflejan
como vidrios.
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Podríamos haber levantado toda la arena de la playa de Quequén,
jugando a la
pelota,
armando arcos chiquitos
pero no.
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay!, nube, envidiosa
¿por qué el recuerdo se desangra?
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
Una esmeralda engastada en sal
que ya no existe.
Empiezo un cuaderno
en blanco, escribo los nombres de cada luchador
de
Cien por Ciento lucha, me los olvido.
¡Cuán rica tú te alejas!
Ya no habrá casi tormentas
hasta que nos encontremos en campos de plata.
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!