
En alguna esquina de la
calle Serrano está la casa de mis abuelos paternos.
En la planta baja
funcionaron durante mucho tiempo los consultorios de mi papá y de mi
mamá y la planta alta estuvo siempre alquilada.
Hay además una terraza.
Por distintas cuestiones
este año la planta alta quedó vacía. La tarde que la desocuparon
los antiguos inquilinos yo fui con Valen y con Pili; no es un lugar
al que me guste subir porque me trae bastantes recuerdos, algunos
buenos y otros no tanto. Cuando terminamos la recorrida yo solo
pensaba qué hacer con ese lugar pero ellas ya habían coincidido en
la respuesta sin ni siquiera haber hablado. “Está buenísimo para
hacer una fiesta”. “Por supuesto que no” les aclaré y les
añadí lo que me pareció el mejor argumento “aparte le tienen que
pedir permiso al tío”.
Como se acercaba la fecha
en que se iban a España consideraron que el mejor lugar para una
fiesta de despedida era ese. Cuando le pidieron permiso al tío, el
tío no solo las dejó sino que además les contó que él había
hecho un par de fiestas cuando la planta alta había quedado vacía
en otra época, que en una habían descubierto a la mañana siguiente
a un invitado dormido debajo de las hojas de la terraza y que en otra
alguien no llegó al baño y había dejado su recuerdo en un cuartito
que, en estos momentos, tiene serios peligros de que se le derrumbe
el techo. Así, envalentonadas por tan lindas experiencias,
organizaron una fiesta de despedida que convocó no más de setenta
personas y que sin mayores problemas terminó a las 7 de la mañana.
Frente a ese éxito el
anteúltimo fin de semana de 2017 Pili decidió festejar ahí su
cumple junto con Clarita que también cumplía en esos días.
Ahí ya el evento se
complicó un poco más.
Primero porque fueron más
invitados.
Después, por una serie
de cuestiones de infraestructura: el baño y el desagüe de la cocina
se taparon; Pili sostenía que la planta alta no tiene una rejilla
para que se vaya el agua que corría por las escaleras por las que
algunas personas, ella por ejemplo, se resbalaban golpeándose
distintas partes del cuerpo; Alguno de los presentes había pisado
caca de perro desparramándola por toda esa laguna que cubría la
fiesta así que al día siguiente había un olor asqueroso que
traspasaba la puerta de entrada y llegaba hasta la vereda llena de
botellas rotas.
Por último la vecina que
la fiesta anterior se había limitado a tocar el timbre para pedir
que bajaran la música, esta vez no estuvo tan comprensiva y a las
seis de la mañana subió a su terraza a gritar y a tirar diversas
cosas como una espátula que nos sirvió para abrir la ventana de
nuestro baño que estaba atrancada y un VHS de Corre Lola corre
con su caja que no podemos ver porque ya no tenemos más
reproductor de video, igual la vimos en el cine hace muchísimo
tiempo.
Pese a todo ese desastre
el martes siguiente Valen me mandó un wa desde el trabajo “Te
tengo que pedir un favor, te pago si querés” El favor era hacer
una fiesta el 31 de diciembre después de las 12 de la noche. Antes
de que le dijera que sí o que no ya había un flyer circulando.
Fiesta en Palermo, entrada una bebida por persona.
Con algunas condiciones acepté. Y el tío creo que también volvió
a autorizar. Ese mismo martes a la tarde un equipo de destapadores
intentó, sin lograrlo, destapar los desagües del lugar. El
miércoles el evento ya tenía 500 invitados en fb. El 31 Valen se
fue alrededor de la 1 para estar temprano, Pili la siguió un poco
más tarde antes de avisarme que “Paso un rato por Serrano pero
sigo a otra fiesta”.
A
las 3 salí para llevar a mis tías a su casa que queda por Recoleta,
a las 3.30 volvía por Córdoba y decidí, por las dudas, pasar por
la fiesta. Cuando llegué la vereda estaba llena de gente, la vereda
de enfrente estaba llena de gente, la calle estaba cortada por la
gente y parado sobre Serrano había un patrullero. Estacioné a la
vuelta y esperé a ver qué pasaba. Cuando ví que los policías
bajaban del auto bajé yo también del mío y entablé con ellos el
siguiente diálogo en la puerta de la casa.
YO:
“ Hablen conmigo que soy la dueña de casa”
AGENTE:
“Buenas noches, veo que están festejando la llegada del nuevo año”
YO:
“Sí, claro”
AGENTE:
“Bueno, le pido que los invitados no se amontonen en la vereda, o
que entren o que circulen y otra cosa que le pido es que no profieran
insultos desde la terraza como yuta puta, así vamos a poder tener
una fiesta tranquilos, nosotros estamos de guardia hasta las 6 de la
mañana”.
Agradecí,
despedí al cana y traté de meter adentro de la casa a veinte
personas supuestamente encargadas de la puerta, no demasiado
concientes de la gravedad de la situación.
Pili
indignada porque yo estaba hablando con el agente me decía “Pero
ma, es la policía”; una amiga de Pili que me preguntaba si yo
había manejado hasta allí copeteada; una amiga de Valen “Ojalá
que fueras mi mamá”, Valen estresada por la situación y yo
gritando al público de las veredas circulen circulen, al mejor
estilo de la policía.
A
las 4 decidí irme mientras veía cómo de todos lados seguían
llegando contingentes a la fiesta.
A las
9 de la mañana del 1ero de enero me levanté para confirmar que mis
hijas mayores ya estaban en sus respectivos cuartos. No había
ninguna. Valen no me preocupó tanto porque supuse que se habría
quedado a limpiar un poco, la llamé y me dio directo el contestador.
Pili me preocupaba un poco más. Me atendió en seguida. “Recién
terminamos de echar a la gente, quedaban como 100, al final me quedé
a cuidar un poco”. “Te voy a buscar” le avisé.
9.30
llegué a Serrano. En la vereda había tantas personas como a las 4
de la mañana, la mayoría sucias de algo que parecía barro. “ No
es barro, es la mugre que se hace en el piso por el tema de que no
hay rejilla y está todo tapado” me aclaró Pili. Un muchacho en
cueros con no mucha estabilidad la empezó a perseguir, se notaba que
quería volver a entrar, Pili lo echó.
A una
cuadra un grupo con una heladera y una guitarra prolongaba el
jolgorio en la vereda.
A las
11.00 volví a buscar a Valen que supuestamente había terminado de
limpiar o, por lo menos, de secar la inundación; a dos cuadras había
un grupo de chicos entre los que llamaba la atención uno con una
camisa multicolor “Esos vuelven de la fiesta” me dijo Valen, “se
ve que se quedaron dando vueltas hasta ahora”.
Durante
todo el día se fue armando el rompecabezas de la fiesta a partir de
las conversaciones de mis hijas:
Creo que en un momento
había 300 personas en la terraza, tenía miedo de que se viniera
abajo; muchos rodaron por las escaleras; otros se encerraron en el
cuarto del peligro de derrumbe que no sé de dónde contaba con un
colchón; otros pillaron en botellas y los obligamos a llevarse las
botellas pero otros las dejaron; a las 8 de la mañana Pili cortó la
música y unos del Pelle le empezaron a gritar vos sos la dictadura;
a las 8.30 unos chicos que no hablaban español preguntaron si seguía
la fiesta; otros llegaron en moto a las 7.30 y Pili les avisó que
era hora de irse y no de llegar, la vecina esta vez optó por
devolver las cosas que le caían en su terraza como vasos y botellas
y al día siguiente pidió hablar con las madres de esas chicas; a
las 5 Clarita tuvo que cruzar a echar a unos cirujas que querían
participar de la reunión; en algún momento fue el SAME; uno dijo
yo escuché que decían me invitó Agus, dije lo mismo y entré; para
sacar las fotos se subieron al tanque de agua; más tarde volvió la
policía pero no entró; yo cuando te ví en la puerta pensé que la
policía te había llamado; en un momento vinieron unos de tercer año
y les tuvimos que decir que se fueran porque la fiesta era para más
grandes.
Tres
finales
Le
mandaron las fotos de la fiesta al tío. Les contestó que la próxima
vez cobren entrada. Después me mandó un mensaje a mí, que no
entendía cómo no se había venido abajo la casa. Espero que no
autorice más fiestas.
La
semana pasada Valen me muestra un mensaje que le mandó un amigo por
WA: “ Sé que estoy poniendo el dedo en la llaga pero tengo una
amiga que quiere alquilar Serrano para su cumpleaños, no van a ser
más de 50 personas” “No, no, el lugar está clausurado” le
contestó.
Febrero
de 1981. Cerca de Carnaval. Con mi hermano tenemos unos amigos que
viven por Niceto Vega cerca de Serrano, una nena y un varón que
tienen nuestra misma edad y con los que vamos a las mismas escuelas.
Las chicas al Lengüitas, los chicos al Acosta. Pasamos juntos un
montón de tiempo. Los fines de semana vamos al Atalaya o al Rialto y
si no, boludeamos por ahí. Una tarde de calor decidimos ir a Serrano.
No sé por qué tenemos la llave. La planta alta está vacía. Hace
calor. Jugamos al carnaval, nos tiramos baldazos de agua y
descubrimos una manguera en la terraza. Seguimos jugando. De repente
el agua empieza a bajar por las escaleras: terraza, planta alta,
planta baja, vereda, calle. Me acuerdo que en el placard del
consultorio de mi papá hay unas toallas, secamos todo el piso,
doblamos las toallas y las volvemos a guardar en los cajones. Cuando
descubren el desastre nos retan aunque no demasiado.
Pero tiene razón
Pili, en Serrano no hay rejillas.