Empezaron las vacaciones.
Siempre me gustan las vacaciones de
invierno, en dos semanas hacemos lo que no hacemos durante todo el
año.
Igual antes era mejor:
Ruth nos recomendaba los espectáculos verdaderamente buenos, menos
cantidad de chicos para sacar a pasear, podía ir a lugares con
entradas caras y no tenía tanto problema en transportar a todos al
centro.
Me acuerdo las vacaciones
de 2006, salimos los quince días, una de esas tardes fue la del
granizo, tuvimos que parar bajo las piedras en medio de Libertador
para que Maite hiciera pis. Ese mismo invierno fuimos a ver Papando
Moscas, que se transformó en el grupo preferido de Felipe.
En los últimos años se
complicó un poco sobre todo porque ya es difícil salir con tantos,
y porque tienen las edades bastantes distintas con lo cual ya no los
puedo llevar a todos a ver lo mismo.
Hace dos o tres años lo
solucioné con una suerte de búsqueda avanzada con filtro
severísimo, cosas gratis, que no impliquen ir al centro pero que
tampoco impliquen oleadas humanas como por ejemplo Tecnópolis adonde
Tótal pide ir todos los días a ver los cocodrilos con los que
confunde los dinosaurios. Imposible mientras duren las vacaciones.
Con todas esas
condiciones no hay mucho margen pero algo siempre encontramos.
Estas vacaciones sin
embargo parecen ser distintas.
Tengo muchísimo trabajo
para terminar en estos quince días y reuniones y cosas que me ocupan
tiempo. Parecía bastante difícil poder armarles programa a las
criaturas.
Sin embargo, descubrimos
un lugar al cual ya fuimos dos días, gratis, cerca y que pueden ir
sin tener en cuenta las edades: el consultorio de su pediatra.
Ya pasaron por allí casi
todos, falta Tótal que podría ir en cualquier momento.
Sonsi, Ro, Octi, Estani,
Loli en diferentes días y también todos juntos. Se comieron todos
los caramelos, casi rompen la balanza, se subían a la camilla con
los zapatos puestos, le prendían y apagaban la luz de la pantalla
para mirar las radiogafías. La pobre Fabi tuvo que escribir como
veinte recetas.
Estas visitas se
complementaron además con visitas a laboratorios y lugares de rayos
X y distintas farmacias, emprendimientos todos que dieron como
resultado que ahora tengamos a cinco criaturas tomando diferentes
dosis de diferentes antibióticos.
Y a Sonsi que el viernes
se iba a su primer campamento, con neumonía. Hoy, cuando le dijimos
que ni nosotros ni Fabi aconsejábamos que se fuera, aunque le bajara
la fiebre se puso a llorar.
Pobre Sonsi, ya se perdió
el campamento de verano.
De todas formas quedarse
en esta casa no es lo mismo pero es bastante similar a un campamento:
pasan todo el día en nuestro cuarto, comen, duermen la siesta, ven
películas, una carpa gigante.
Nadie limpia por lo que
los techos y las paredes tienen telarañas gigantescas como si
estuviéramos en el medio de la selva.
Ruli se fue a bañar y
desbordó la bañera inundando el playroom y el cuarto de sus
hermanos, como si acamparan al borde de un río.
Más que campamento,
hospital de campaña.
Valen que entra y sale
porque Kp también está de vacaciones, Pili que está acá metida
extrañando a X que se fue al Sur, Maite preparando su mochila para
acampar, Sonsi con neumonía, Consu cocinando tortas todas las
tardes, Ruli con antibiótico, Octi con antibiótico, Estani con
antibiótico, Tótal lleno de mocos que le hacen salir sangre de la
nariz, Loli con fiebre que le hace poner los cachetes coloradísimos.
Y yo que en medio de este
caos me acuerdo de esas vacaciones de invierno de 2006 y me doy
cuenta de que nada es tan terrible como parece.