Hace algunos años una
tarde de enero Camila nos dejó una caja de zapatos con una tortuga
adentro.
Empezaban unas obras en
su casa y la mejor opción era dejarla con nosotros para que la
cuidáramos por unos meses. Se llama Hugo nos dijo
El tiempo fue pasando;
las obras en la casa de Camila se terminaron y la tortuga se quedó
acá. Todavía no sé si le pusieron Hugo por la rima, tortugo Hugo o
por Chávez o por las dos cosas.
Como sea la tortuga quedó
como parte del hogar.
Otra parte del hogar es
Vero, una nueva chica que viene a limpiar, no demasiado
frecuentemente, una vez por semana, una vez cada quince días, como
pinte la ocasión.
La semana pasada tuvimos
bastante suerte, vino dos veces.
El lunes y el miércoles.
Fueron días de mucho
frío y Hugo ya está hibernando. Abajo de la parrilla, en el lugar
donde guardamos el cloro, el carbón y la leña.
Se ve que a la mujer ese
lunes le dio pena el animal y lo metió en el cuartito, el del fondo,
donde ella se hace espacio no sé cómo para cambiarse y a veces para
ducharse.
El miércoles, antes de
irse, me llamó con la cara desencajada. Me dijo no sé qué pasó
con la tortuga, yo la puse arriba de unas calzas que habia en el
cuartito y ahora no está más y encima hay una rejilla destapada
cerca,para mí que se cayó, terminó el relato visiblemente
mortificada.
No importa, le contesté,
no te preocupes. De todas formas para tranquilizarla del disparate
que me estaba planteando la acompañé al fondo a inspeccionar el
piso helado del cuartito.
La calza, que no sé muy
bien cómo había llegado hasta ahí, estaba tirada en el suelo.Más
allá,, en el ángulo de lo que parecería haber sido una suerte de
cocina, una rejilla corrida dejaba paso a un agujero cuyo fondo era
imposible de ver por lo profundo.
Para mí que se cayó por
ahí repitió la mujer y siguió, yo que quise hacer una buena acción
para que no tuviera frío ahora lo empeoré. Es imposible que pase
por ahí dijo Luis que se había sumado al concejo.Re pasa refuté
yo, viene caminando medio hibernada y se cae por el agujero.
Revisamos todo con la
poca luz de los celulares porque por supuesto que en el cuartito no
hay ningún tipo de luz artificial y esto debe haber ocurrido el día
más corto del año. No apareció.
La pobre Vero se fue muy
triste recordando una tortuga que ella tenía que también se había
muerto. En algún momento consideré que capaz la mujer había urdido
todo ese plan para robársela, pero después yo misma entendí que le
iba a ser imposible emprender el viaje hacia su casa con ese animal,
que pesa diez veces más que Tati, en un bolso.
A la mañana siguiente
nos dimos cuenta de que los desagües del baño de Valen y de Pili,
el de la bañera y el del lavatorio, no dejaban pasar el agua, no
sabemos desde cuándo está así ni desde cuando que los baños de
ducha se convertían en baños de inmersión por cómo se iba llenado
la bañera. Luis buscó un cable de acero para pasarlo por los
desagües.
Y ahí entonces yo
completé el rompezabezas: el pobre Hugo caido en la rejilla había
empezado a deambular por los caños y había precipitado el
taponamiento de todas las cañerías, el agua en la bañera y en el
lavatorio de Valen y de Pili se estancaba porque la tortuga estaba
ahí metida.
Luis le dio con el cable,
se puso un guante y sacó a las puteadas dos, tres, cuatro bolas de
pelos podridos pegados con crema de enjuague llena de sarro, puso
todo en una bolsa que no se podía ni agarrar del olor a podrido que
tenía.
Y mientras tanto, Valen
-a lo mejor compadecida del padre, al que solo le hubiera faltado
tener que destaparles el inodoro- entró al cuartito con una
linterna, revisó todo exhaustivamente y encontró a Hugo bien lejos,
contra una pared, abajo de una cama.
Por las dudas, tapamos la
rejilla.