miércoles, 1 de abril de 2015

Oficios


Lunes 4 de la tarde
Llegamos a casa con todos los chicos desde el jardín.
La casa vacía, Valen en el country y las personas que supuestamente limpiaban la casa hace tiempo que nos abandonaron.
En la puerta el camión de la soda esperándonos.
El que maneja es mi amigo, hace bastantes años que lo conozco y las chicas más grandes siempre se ríen porque me dice Flor. Pero viene los martes.
Bajamos del auto y nos saluda con un venimos hoy porque mañana hay paro.
Ah, claro ustedes paran le digo. Sí, para nosotros es un lío pero el sindicato no nos deja trabajar. Dos cajones de soda y un bidón grande.
Con los festejos de cumple no hubo tanto consumo de soda. Vero llegó tarde y Xime estaba más para la cerveza y el hóckey.
Le pagué y con la confianza que me da ese Flor con el que me saluda hace dos o tres años cuando se estaba yendo le pregunté ¿a ustedes les descuentan ganancias?
A mí sí me contestó, a los chicos no porque ganan menos.
Ah , le puse cara como de a mí también me descuentan, que seguramente habrá interpretado como una luz verde, habilitado él también por el apelativo Flor al que se había atrevido hace dos o tres años, y ahí arrancó no me molesta tanto que me descuenten sino que se lo den a todos esos vagos que cobran planes.
Mi cara habrá tornado en un es cuestión de oportunidades porque se frenó evitando un comentario que entiendo iba a ser políticamente incorrectísimo.
Comenzamos ahi un interesante intercambio que nos llevó como quince minutos, que recorrió los conceptos más básicos sobre la lucha de clases y que finalizamos con un beso y unas Felices Pascuas.


Martes. 4 de la mañana.
Aparece Valen en nuestro cuarto iluminando con su celular, yo sé que Valen a la noche se la pasa con el celular prendido, mandando wa, escribiendo en fb. Y cuando duerme cada uno en su casa, cada vez menos, despertando a KP para que se levante.
Se está quemando algo nos avisa, hay humo, vienen los bomberos y alguien estaba martillando en la vereda.
Por un momento tuve la esperanza, alegría o hermanamiento en la distancia en la imagen de un posible piromaníaco que hubiera pasado prendiendo los tachos de basura.
Pero no, parecía algo más grave.
Cuando salimos con Luis y Valen al balcón, en la esquina bomberos, patrulleros de la federal, SAME, humo, olor a quemado insoportable, aire caliente que venía de a ratos mezclado con el viento de la madrugada.
A veces viene en el aire ese olor a quemado, la leyenda urbana dice que es cuando encienden los hornos del cementerio, pero nunca tan fuerte, nunca se mete tan adentro de la garganta y de los pulmones como este.
De todas formas Pili, que duerme también en un cuarto que da a la calle jamás se enteró de nada.
Luis se fue a dormir.
Con Valen decidimos salir a la puerta. Medio en bolas ambas, veiamos como de las casas de al lado salía gente rumbo a la esquina.
Nadie duerme pensamos.
En nuestra vereda hay una especie de toma de agua, alguien la había abierto y esos eran los martillazos que había escuchado Valen.
Era la toma más cercana al incendio, a pesar que estábamos como a una cuadra. Pasó un bombero, miró el caño y se volvió a ir.
Al rato vino otro bombero con un aparato que parecía un periscopio, que enganchó en el agujero. Mientras hacía ese movimiento le preguntamos que había pasado. Un departamento acá a la vuelta. ¿hay alguien adentro? Desconozco respondió el hombre e inmediatamente giró el periscopio de la vereda y empezó a brotar del agujero un torrente, alud, torbellino o huracán de barro que se elevó unos metros y empezó a ensuciar la ya sucia vereda.
Con Valen nos agarró un ataque de risa que no podíamos parar.
El agua salía cada vez más fuerte y cada vez más sucia, el barro ya parecía óxido.
De un balcón de enfrente alguien le preguntó a los gritos al bombero si iban a cortar el gas o la luz. No señora, no hace falta respondió el hombre. ¿necesitan algo más? yo seguía muerta de risa pero me pareció mal no preguntarle.
No, gracias. La calle está vacía. No hay nadie siguió el bombero la conversación. Es por el paro le dijimos, ya no pasan colectivos.
Pensé en preguntarle si le descontaban ganancias pero temí, en caso de respuesta afirmativa una reacción peor que la de mi amigo del camión de sodas.
Gente de agua uno y de fuego otro.

Saludamos y nos fuimos a dormir.
En el dormitorio Luis, Loli y Tótal ajenos a periscopios, torrentes, incendios e incendiarios dormían tranquilos.


Más tarde, stalinismo puro, irían todas a una escuela en la cual siendo de las que viven más lejos conformarían alrededor del 25% de los presentes.

jueves, 26 de marzo de 2015

Luján

Todos a Luján.
Salida de fin de semana largo.
Ruli llegó y ya tenía ganas de hacer pis.
El baño más a mano, el de la estación de micros.
Cola de veinte personas. Cada colectivo que llegaba colaboraba con más público en las mismas condiciones que Ruli.

Adentro del baño oscuridad absoluta, el piso parecía de tierra alisada, las paredes las de unas catacumbas.
Una mujer en un mostrador repartía papel higienico y no paraba de hablar, contaba una historia a todas las que estábamos haciendo la cola.

El otro día nos decía, ahí había una chica tirada, ahí, en la puerta de ese baño.
La gente la saltaba, no sabía si estaba viva, muerta o desmayada pero la saltaba.
A nadie se le ocurrió llamar a la ambulancia, solamente se les ocurría saltarla para entrar a los baños.
Al final era que la chica estaba embarazada y le había bajado la presión, se puso bien, pero estuvo tirada un rato largo mientras la gente que quería hacer pis la saltaba, le pasaba por encima, podía estar muerta, hasta que se levantó.
Era increíble cómo la gente la saltaba, podía estar muerta insistió y la saltaban.

Ruli me miró como queriendo irse, dispuesta a hacerse pis encima antes de pasar por un lugar donde a lo mejor tendría que saltar a algún muerto.
No te preocupes le dije, la señora esta contando una historia para entretenernos mientras esperamos.
Alguien quiso pasar sin pagarle y la mujer abandonó el relato para retarla porque quería pasar sin pagar, tengo papel avisó la que se había colado, no importa hay que pagar igual la limpieza, son dos pesos.

Otra pobre de adelante mío empezó a revolver un bolso, no llego con las monedas le avisó, dame lo que tengas contestó la encargada del baño pero no pases todavía porque hay que limpiar.
Y ahi Ruli otra vez se dio vuelta con cara de mami por favor huyamos.
Miré en la oscuridad qué era lo que había producido esa reacción en la criatura. 
Una anciana que había salido de algún lado, de una losa de un sótano disimulado en el cemento o de tal vez un hueco en las paredes catacúmbicas. 
Peor que las peores ancianas de Quevedo. Toda encorvada con un balde y un trapo.
Tendrá que limpiar el piso pensé y ahí nos tocó nuestro turno y me dí cuenta de por qué andaba con el trapo y el balde. Los baños no tenían ningún botón para apretar y para que corriera el agua, la pobre anciana iba con el balde baño por baño tirando agua del balde, dos pesos para esa tarea no era nada, a no ser que fuera un ser del otro mundo.
Ruli salió y quedó parada en el medio del baño, vamos Ro le dije.
Ya está mami, ya en Luján no hago más pis reflexionó muy seria y les voy a decir a las chicas que si les dan ganas que vayan a otro baño.
Me dio la mano, salimos a la luz del día.

Ahora porque tengo que escribir sobre Santa Teresa y la hoja está blanca blanquisima bajo un título que me gusta, Santa Teresa. Encrucijada de la palabra pero no sé muy bien con qué lo voy a completar.
Porque también tengo que retomar la égloga a Claudio y sus fundamentales problemas métricos y genéricos.
Necesito además rellenar una serie de formularios que hay que rellenar de un día para el otro y organizar mi segunda fiesta del año, la de cumple, pensando en las luces si se las alquilo o no al japonés, o qué hago con los parlantes que no andan, como en la cena de fin de año que quisimos bailar sevillanas con Amanda, no se escuchaba nada y no pudimos bailar.

Y entonces lo que menos tengo es tiempo para imaginar y escribir historias.

Pero, el baño de Luján, esas pobres mujeres de ahí adentro, en esa oscuridad artificial, casi cavernaria, de las que no se sabe muy bien si están muertas o vivas, las que andan con el balde, las que cuenta historias para entretener a las que esperan, las que se tiran al piso, las que se embarazan para pasar primero, las que buscan monedas, las que escurren el pis de las demás.

Todas juntas podrían haber sido, en esa otra vida mía que a veces extraño, el segundo cuento de un libro que se iniciara con alguna historia en el mercado central al que pronto tendremos que volver en busca de provisiones.


Por ahora nada, solo verificar que aunque sea en esta circunstancia los hombres estaban un poco peor.


jueves, 19 de marzo de 2015

Cuerpos


Pone me pigris ubi nulla campis
arbor aestiva recreatur aura,
quod latus mundi nebulae malusque
Iuppiter urget;

pone sub curru nimium propinqui
solis in terra domibus negata:
dulce ridentem Lalagen amabo,
dulce loquentem.



Hoy es el cumple de Luis.
Desde que cumplió 19 que lo festejamos juntos, cuando cumplió 19 vino en bici a casa.
Ese día yo había jugado uno de los cuatro partidos de mi vida en los que me hicieron más de cinco goles, no le habia podido comprar ningún regalo y no había conseguido entradas para el cine.
Un futuro prometedor.

Después, los 26 cumpleaños restantes los fuimos festejando en lugares distintos, en París, en la cancha de Ferro viendo jugar a Boca, con shawarma, en The Embers, en un telo.

Me limpió vómitos ácidos de vino, dulces de cerveza.
Nos enjugamos sangre, vidrios negros, tajos en la garganta.
Cruzamos temblando abismos secos, montañas rotas que la mayoría no cruzará en su vida.
Y despacio volvimos a caer juntos en el pasto verde.
Dos veces, a lo mejor tres llovieron cenizas, riscos, lobos y pensé mejor seguir cada uno por su lado antes de que las cenizas nos lastimen los ojos.
Pero despacio volvimos a caer juntos en el pasto verde


Quisiera tenerlo despierto todas las noches toda la noche.
La misma rabia del principio cuando llego a la cama y ya está dormido.
Porque en eso no crecimos. Es nuestro talismán para reverdecer el perfume del pasto.
Así, mis huellas digitales se fueron tatuando en estos 26 años según el sonido de su piel.
Y son la memoria más intensa de su cuerpo.

Sin embargo, lo mejor que hacemos juntos es reirnos. 
Reirnos hasta el infinito, para siempre.

Feliz cumpleaños mi amor


(Igual cuidado, capaz no puedas sacar el auto)



sábado, 14 de marzo de 2015

Pelucas

Mañana la reja de casa se llena de globos amarillos y blancos y celestes.
El último bautismo del ciclo hijos, hoy en la cola de Jumbo con Loli sentada en la sillita de un carrito rebosante de latitas de Heineken escucho cómo un señor le decía a Valen que estaba cuidando a su hermana menor qué linda que te salió, me quedé inmóvil apenas pude pensar que para ese hombre y tal vez para mucha más gente yo era la abuela de Lolita y la madre de su madre.
Por eso vísperas del último bautismo del ciclo hijos entonces casi nietos.
Desde que supimos, lo supimos siempre, aunque lo asumimos tarde, que CFK no va a los bautismos empezamos, Enru empezó en realidad a centrarse y a hacernos tomar conciencia acerca de la importancia de las pelucas.

Tenemos preparadas unas jarras de limonada, unos chipacitos.
Y no muchas más cosas tenemos preparadas. Solamente los globos que hoy Xime ayudó a inflar, más todos los zapatos blancos nuevos de las niñas que proveyeron sus madrinas.
No hubo tiempo para peluquería, manos o comprar ropa. A la mañana me entró un mensaje de una chica que trabaja en casa que hoy, justo hoy no podía venir, tenía que acompañar a su hijo al cole, a esa suerte se sumó que los nuestros hoy no tuvieron clase, desinfección.

Tenemos también ya la primera invitada, una amiga de Maite, que llegó hoy a las 7 de la tarde para quedarse a dormir y venir mañana temprano con nosotros.
Pili, que salió como las últimas doce noches de los últimos doce días desde que los amigos terminaron de rendir y que su llegada a la mañana será el signo de que hay que despertarse.
Tenemos nuevos y viejos padrinos y madrinas que se unen al grupo, que repiten, que siguen acompañando, que nos cuidan y otros a los que si las circunstancias hubieran sido distintas les hubiéramos pedido que fueran padrinos y madrinas de nuestras criaturas.
Contamos también con un calor que no afloja y que pareceria tornar insuficientes las latitas de Heineken del carrito rebosante en el que hoy viajaba Lolita en Jumbo.

Las estampitas que busqué hoy en un escenario absolutamente distinto del de la semana pasada, con un imprentero limpio, camisa abotonada sin pelos a la vista, el aire prendido que impedía que el cuerpo le goteara y el mismo programa de tele atronando el ambiente.

El último bautismo parecido a este fue el de Sonsi y Consu, las bautizaron juntas una mañana helada de 2007, no solo el frío era helado.
Xime estaba en Paris pero vino Ruth.
Hay una foto de ese día de More y Maite bien chiquititas. Maite que hoy nos dijo que quiere seguir la secundaria en su colegio y More que ya empezó primer año. En la foto están las dos muertas de risa, una risa que por suerte siguió sonándonos en los oídos.
Tenemos una cerveza compartida en estos días con quien las va a bautizar con quien compartimos muchísimo más que una cerveza.
Tenemos a Loli que se bautiza con el vestido de todos sus hermanos, tenemos a Tótal que se bautiza con ropa de Gaspi, el de los ojos preciosos.

Tenemos además la promesa de una coreo que están planeando las hermanas y sus amigas para los chiquitos y de un chef que no terminó todavía su producción pero muerto de sueño ya se fue a dormir.
Y tenemos a Enru y sus pelucas multicolores que ya probamos el día de fin de año.

Tenemos alegría. Tenemos bautismo. Tenemos fiesta.
Ya lo dije milagros, revanchas, goleadas.

lunes, 9 de marzo de 2015

Estampitas


Viernes 4 y media de la tarde.
Belgrano hirviendo de niños saliendo de los colegios, de autos trabando las calles, de fin de primera semana de clases.
Nos encontramos con Luis en Tronador con el tiempo bastante justo para pasar por una imprenta a encargar las estampitas porque si no no llegamos a tenerlas listas para el bautismo.
Contamos exactamente con quince minutos para elegir el modelo que nos guste, anotar el texto, pagar y seguir cruzando Belgrano para buscar a las niñas.
El hombre que atendía nos da unas carpetas, una tarjeta de cartón con los precios y se mete en algún lugar a ver un programa de televisión.
Le damos vuelta con luis a las estampitas, los colores, los dibujos, si entra el lugar para las letras, si la imprimimos de atrás o de adelante, si son caras, si encargamos iguales para los dos o distintas.
Estampita elegida llamamos al hombre que aparece como desde la ultratumba, todo transpirado, la camisa desabrochada que deja ver todos los pelos del pecho, la tele que sigue atronando con la historia de alguien que está perdido o que lo estafaron o algo así.
Cantidad nos dice, 25 para cada uno.
Texto. Le dicta luis cuidadosamente, nombres de las criaturas, fecha del bautismo, iglesia. 
Llegamos a los padrinos de Loli, Lucas y Paula dice Luis y se queda mudo. Lo miro ¿no quedamos que poníamos a todos y que poníamos nombre y apellido?-le pregunto dándole el pie para que siga. No hay caso.
El hombre se impacienta, es evidente que quiere volver a su programa de tele.
Es que tienen dos madrinas lo atajo. Luis sigue mudo, me queda claro que tengo que seguir yo. Tomo aire.
No sé por qué creo que todo necesita explicación cuando no la necesita.
La chica es séptima hija, hay que poner a la presidenta primero le digo al hombre; ah ni idea me contesta.
Sí, sí le insisto yo, ponemos presidenta de la nación y el nombre de la mujer.
No le salía, lo escribía de todas las formas posibles y no le salia. 
Luis empezó a mirar el celular para no reirse, la tele seguia con las desdichas de algún ser humano, el pobre hombre tenía la camisa cada vez más abierta y más empapada, miré fijo los pelos goteándole de adentro de la camisa para no reirme yo; lo leo todos los días y no me sale se justificaba.
Se lo deletreo, termina por escribirlo.
Ahi sí le paso los nombres de la otra madrina y del padrino. 
En el medio lo mando a Luis que se vaya a buscar a las chicas y quedo sin su inestimable ayuda.
Pasamos a la segunda estampita, la de Tótal. El hombre en algún momento se dio cuenta de la seriedad del tema y al lado de nación añade por su propia iniciativa la palabra Argentina.
Completamos madrina y padrino, chau Florencia me dice cuando me voy. Super atento.
Volví a casa caminando.
Ni bien entro suena el teléfono, el hombre de la imprenta, tengo algunas dudas con el apellido de la madrina escucho desde su ultratumba televisiva. 
Me está jodiendo pensé, pero esta vez era el de Paula.
Vamos a llegar bien, quedate tranquila me avisa antes de cortar.
Con ese panorama no sé qué pensar.

Y ya que estamos gracias, en estos días La bici de Felipe cumplió un año.

martes, 3 de marzo de 2015

Fin de Ciclo


Entrar a sala de dos y verificar que la mayoría de los padres tienen como mínimo diez años menos que uno.
Que hay abuelos viendo a sus nietos comenzar la escolarización, con edades que podrían ser las nuestras.
Sentirse un ser monstruoso porque en franca oposición con el ambiente reinante, el impulso es dejar a los niños e irse y que la adaptación quede a cargo de las maestras y por qué no de todos esos grupos familiares que acompañan alegremente a sus criaturas que bien podrían hacerse cargo en su alegría de criaturas ajenas.

Sacar la cuenta de que hace exactamente catorce años que estamos entrando, de manera ininterrumpida, a alguna de las salas del jardín los primeros días de clase.

Ya no tener vergüenza de que Loli, recién ingresada a la escolaridad se rasca la cabeza a cuatro manos entre juego y juego con niños que seguramente de recuerdo de su primer día de vida escolar se lleven unos lindos piojos.
Ni preocuparse porque Tótal queda en un rincón agarrado a alguna parte del cuerpo de sus progenitores añosos.
Ni porque no tenemos nada, ni siquiera un celular oxidado, para registrar algunos de los gestos, muecas, sentidos de ambos entrando a la escuela.

Tirar del auto a las tres de la primaria que no empiezan primer grado, casi con una sensación de alivio porque pasarán por lo menos cuatro horas del día en un lugar que no es el hogar.
Ver después en fb todas las fotos de todo lo que nos perdimos por acompañar a los últimos dos que empiezan el jardín.

Mandar a Ro sola con el padre a empezar primer grado porque no hay nadie en casa para cuidar a los más chicos a los que el breve instante que estuvieron en el jardín los excitó en demasía y lo único que quieren hacer es tirarse vestidos y sin salvavidas a una pileta que para no hacer mudanza en la costumbre pronto se pondrá verde.
Ahora porque se rompió el barrefondo.

Tener la certeza de que siempre hay un super padrino o madrina para acompañar y confirmar que Roberto se fumó con el padre todo el acto de iniciación de primer grado de la chica.
Y volver a recibir fotos y videos. Por suerte.
Por eso es tan difícil encontrar el último padrino.
Por eso y por la madrina.

La sensación de que entiendo ya mucho mejor a los adolescentes.

A Pili que brillaba en su remera y nos hizo acordar de la historia de Medusa y los chicos que nos querían levantar a Vero y a mí, ahí, en la fuente del congreso, cuando teníamos dieciseis años, entendieron Merluza y huyeron despavoridos a buscar chicas menos stalinistas.
A Clari, a la que le trato de explicar con un abrazo tantas cosas.
A Male, a la que le trato de explicar latín con el royo.
A Maite, cuando empieza a crecer, como el mar como la tarde que nos quedamos hablando casi dos horas en la playa.

Hasta entiendo mucho mejor a Vale que desde Uruguay me jura que está gastando poca plata porque para almorzar compran atún y fiambre en el supermercado y me avisa riéndose que ayer se cruzaron con Tabaré, y me manda, uno más, un video con el hombre ahí al lado saludándolos.

Y así todo el primer día de clases termina´con Pili diciéndome, no sé bajo efectos de qué sustancia, que quiere tener otro hermanito.
Ni lo intenten.

Acá, fin de ciclo, verdadero.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Cápsula

Como donde ponen a los astronautas cuando regresan para volver a adaptarse a la gravedad, en algún lado leí que se llama la cápsula del vómito.

La cápsula de vuelta de vacaciones, el espacio del vómito, desesperante entre el mar sonando al lado de la cama y el futuro próximo del enfurecido cruce de Belgrano, tres o cuatro veces por día con ocho niños en diferentes horarios de adaptaciones.

Primer día en la cápsula, la vuelta al baldío donde ya no crece el pasto. fui al gremio a buscar todas las mochilas, todos los guardapolvos, todos los útiles, en total para nueve criaturas. Me acompañaron Maite, Sonsi y Ruli. Sonsi no entendía nada, por cada negocio de mochilas que pasábamos preguntaba si era ahí, Ruli no estaba mucho mejor, en el estacionamiento le dijo al hombre que cuidaba los autos, a mí no me tiene que dar mochila, tengo una de barbie que me compró mi madrina.Llegamos, nos repartieron todo menos mochila para Ruli, Maite se llevó un delantal super corto, ahí me di cuenta cuánto creció, no de tamaño, de cabeza, la peor y la mejor combinación de sus dos hermanas mayores, Sonsi protestando porque en vez de pluma le habían dado birome. Cuando nos íbamos le dije a la chica que nos había atendido que en la próxima reunión de comisión de la gremial iban a tener que fijarse si les convenía seguir teniéndome como afiliada. Se rió un poco.

Segundo día en la cápsula. Todo se rompe o se desarma. Se perdió la tortuga. Se rompió el barrefondo. Apareció la tortuga. La cocina a la noche se transforma en un campo de batalla entre las babosas y un ejército de hormigas negras que no se sabe de dónde salen. El lavadero rebosa de ropa sucia, aunque creimos haber traido toda la ropa limpia.

Tercer día. Ayer. Entrevista en el jardín. Lista de materiales, se acabó el ritual de las cajas de zapatos forrados y de las madrinas forrando cajas.
Ahora piden cajas de plástico, la madrina de Loli y Tótal la tiene bastante fácil.
A la entrevista va Luis, sala de dos, siguen tomando la teta, no dejaron los pañales y no dejaron de dormir en el cuarto de los padres aunque ya tienen sus camas. Saben que estamos viejos por eso las criaturas hacen lo que quieren.

Cuarto día. Hoy, mucho calor. Pili que aprueba física confirmando que nos hizo tirar alrededor de cuatro mil pesos en clases a la basura porque podría haber aprobado las materias durante el año dado que a cada una de las que se llevó les dedicó como mucho dos días para estudiarlas.
Y física peor, directa a marzo, en la playa no tocó un libro y hoy aprobó.
Valen que empezó sus vacaciones a principios de diciembre con su viaje al Calafate con la abuela mañana empieza el último tramo yéndose a Uruguay. Sí o sí me tiene que teñir el pelo que lo tengo lleno de canas, Pili aprovecha y pide permiso para teñirse de rojo, porque aprobó, un No obvio.
Valen me tiñe y me ensucia toda la espalda y parte de la cara.
Luis me invita a comer a la noche, para ir cerrando las vacaciones. Me mira la frente, parecés Muerte en Venecia me dice y no nos podemos parar de reir acordándonos del final nada gracioso de una de las películas que más me gusta.

Solo me queda aspirar el vómito de la cápsula lo más rápido posible, limpiarme la frente con un acerito antes de que la tintura me empiece a gotear por las mejillas y contar los días que faltan para el próximo febrero.

Ahora no puedo ir a ningún lado, ni siquiera a cruzar Belgrano, se me rompieron los frenos del auto.

Hay un nuevo color de nissan march, mejor que el azul eléctrico, un azul mezclado con verde. 
Parece el mar, ese que veía desde mi ventana de bahía de los vientos. 
Más Muerte en Venecia.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Diamante

El otro día, el lunes, el mar destilaba aceite antes de la tormenta.
Antes, más temprano, había aparecido el quinto barco en el horizonte.
El otro día, el lunes, atronaba una voz desde el abismo, el tercero dio plano y estamos esperando al incucai, como si dijeran el desayuno se sirve de 8 a 11.
Pero el verano nos regaló el mejor día de todas nuestras vacaciones y vi cómo las piedras que escolleran la barranca se empezaban a llenar de musgo.
No podía dejar de escuchar a Luis diciendo por el timbre los papás de Felipe y pensar no lo decimos más.
El otro día, el lunes, recordé cómo la arena deja brillantes los anillos, cómo a Pili y a Sonsi los ojos se les ponen verde transparente de tanta sal.
No podía dejar de volver a ver la imagen de Ceci bajando de un taxi con un piloto que supuse comprado en Londres.
El sabor del pan de queso que me trajo con Vero y lo comimos las tres, despacio, esperando la nada.

El otro día, el lunes, rompiendo el aire, mis príncipes de las algas, mis capitanas de la espuma; las ganas de compartir el viento con tantos, Luis que encontró las palabras que no me salieron en todo el día.
La certeza de que seguimos diciendo y siendo los papás de Felipe y de diez más.

El quinto barco que entró a la noche al puerto sin que lo viéramos.
Y el aceite del mar que destiló un diamante.

El otro día, el lunes.

domingo, 15 de febrero de 2015

El Faro


Detrás de nuestra casa, a unas diez cuadras del mar hay un faro.
Blanco y negro prende por las noches una luz verde, intermitente. No sé qué anuncia tan lejos de la costa pero lo ven los barcos.
Ahora, en el mar, hay cinco barcos esperando para entrar al puerto. Uno está desde que llegamos, espera pero no entra. Los otros llegan al puerto, cargan y se van. Aparecen de repente en el horizonte, cuando nos despertamos lo primero que hago es mirar el mar para ver si hay algún barco nuevo.

Cada año cada día nublado visitamos el faro. Tiene una escalera caracol bastante estrecha y cuando viene alguien de frente hay que pegarse a la pared para ceder el paso. El año pasado después de la visita los chicos cruzaron a un médano gigante que hay enfrente. Se encontraron una antena de direct TV toda oxidada y entre todos trataron de subir con ella el médano y después tirarse, lo intentaron como seis o siete veces, cuando lo lograron la tiraron a Ruli, avanzó dos metros y quedó frenada, se reían, abandonaron.

Este año todavía no fuimos, los días están todos lindísimos. A la tarde quedan agotados, ni siquiera quieren bajar a la playa a ver el atardecer.
Van, además, recolectando amigos por ahí, la otra noche miramos y por el jardín entraban unas nenas que no sabíamos quiénes eran, unas vecinas que vieron muchos chicos y consideraron que estaba bueno entrar a jugar, por ejemplo, al cuarto oscuro
En total éramos como veinte personas, más Kp, que llegó para pasar el fin de semana de san valentín.

Adonde sí fuimos fue a la feria de la plaza. Todos los años las chicas se hacen trenzas y compran regalitos para los amigos.
La otra noche, en la feria, Octi y Estani, muertos de sueño, se dieron cuenta de que a ellos no les correspondían trenzas y vieron unos autitos de madera, averigüen cuánto salen les dije, el artesano, contentísimo de haber encontrado tantos interesados les empezó a mostrar todos los autitos, el más barato 150 pesos, sigamos les dijo Pili, después volvemos.
Y ahí un doble escándalo, nos los llevamos al auto gritaban uno de la mano de Luis y otro de mi mano como si los estuviéramos secuestrando, cada alarido resonaba con un eco que hacía que las personas se detuvieran a mirarnos. Entre que estan medio rubiecitos por el sol y que los metíamos en la camioneta de luis junto con los otros ocho, más kp, temí que nos demorara la policía por tráfico de criaturas, no pasó nada, se quedaron dormidos casi en seguida.

Los días se pasan con un ritmo casi estático, el ruido del mar golpeando en nuestros vidrios es el metrónomo.
Amanece y vemos salir el sol por la ventana en un extremo del agua, atardece y vemos irse el sol en el otro extremo. A la noche los barcos prenden las luces.
En el medio mucha playa, piedras y espuma.
El otro día aparecieron dos cangrejos en la orilla. Unos pescadores sacaron una corvina.
A veces sopla el viento, si viene del norte no hay problema, si no, se complica un poco.
No puedo creer que se estén acabando las vacaciones. Acá, en bahía de los vientos, no existe el tiempo.
Nos queda todavía el fogón en la playa, ese que Maite prometió que iba a encender, ese en el que la hago enojar a Pili diciéndole que tiene que cantar Detrás de las paredes para que me conteste que ella es la que tiene 16 años y no yo.

Ayer leí el diario, cedió un pilote del puente que cruza el Salado ruta 2 mano a capital, tengo además una contractura en el gemelo de la pierna derecha porque acá sí salgo a correr y no sé si puedo manejar.
Dos razones, entre otras más poderosas, que conspiran contra mi regreso a Buenos Aires.

Pienso si fuera posible quedarnos para siempre.

A vivir todos en el barco, el que está desde hace un mes parado en alta mar frente a nuestras ventanas.
O en el faro, con su espiral que lleva a la luz verde.




lunes, 9 de febrero de 2015

Acá, ahora


Primera semana de vacaciones.

Vacaciones que empezaron un poco antes con la ida a la terminal de Retiro con Luis un jueves a la tarde de calor tormentoso para despachar una valija gigante y una mochila de campamento repleta, rebosante de ropa. Entre las dos cargaban la ropa de once personas, Valen llevaba sus cosas en mano por si se perdían por el camino, también era, después nos enteramos, porque se trajo un monitor para su compu que tenía rota la pantalla. Más de 30 kilos no despachan, yo pensando que cada cosa pesaba 50 kilos y Valen que me avisa que no pesan más de 20 kilos, que se nota que no viajás.
Y como siempre tenía razón, post un embalaje casi artístico, el pesaje no arrojó más de 24 kilos la valija más pesada.

El lunes siguiente, al llegar a Quequén, ya la podríamos pasar a buscar por la terminal.
Ese mismo lunes, hace exactamente una semana, salimos con una valija más, un bolso bastante grande, una practicuna, tres paquetes de pañales, cuatro docenas de empanadas para el viaje y doce personas repartidas en dos autos rumbo a bahía de los vientos.
Se portaron todos perfecto, durmieron, comieron papas fritas, chizitos y palitos, nadie pidió parar para hacer pis, sacando Tótal al que casi al final tuvimos que parar a cambiar en el medio del campo, todo pillado, tenía el pañal de la noche anterior porque lo sacamos dormido de la cuna y lo pusimos en la sillita.

Por la ruta repetimos los rituales de cada viaje, la laguna de Chascomús, el castillo a orillas del Salado que variando de acuerdo a la cultura de la tele del momento, este año le tocó ser el castillo de princesita Sofía, la estación de servicio de Dolores en la que el año pasado no pudimos parar por la cantidad de mosquitos que había, el desvío de coronel Vidal donde una vez Valen y Pili que se habían tenido que ir en el tren a Mar del Plata porque no entraban en el auto y el auto no entraba en el tren, se bajaron para retomar viaje con nosotros, Balcarce donde siempre decimos que vamos a comprar papas y nunca compramos.

Llegamos pasando el mediodía. A Bahía de los Vientos
Para quedarnos un tiempo a vivir en el borde del mar, a ver cómo salen los remolcadores del puerto buscando los barcos que vienen a cargar granos, a que lo primero y lo último que escuchamos de los días sea el ruido de las olas rompiendo al lado de la cama.
A abastecer a diez criaturas casi famélicas luego de espectaculares días de playa.
A ensuciarnos con arena, a entrar al mar siempre con alguien a upa o de la mano triplicando las chances de que nos revuelquen las olas.
A ver cómo la gente en la playa nos mira y nos cuenta dos o tres veces para ver cuántos somos, si somos una colonia de vacaciones o tal vez una familia con hijas jóvenes madres solteras y nietos.
A compartir la vida un poco más que siempre todos juntos una vez más.

En esta semana experimentamos una serie de maravillas meteorológicas, el mar como aceite recibiendo al sol al atardecer, un arco iris completo después de una tormenta, con un extremo en el agua y otro en los médanos, una luna llena, amarilla casi como una naranja perfumada saliendo entre las nubes para después, casi a medianoche, brillar sobre el mar para dejarlo como un diamante.
Vimos también - las noches que no caímos agotados- 7 cajas, la película paraguaya que me recomendaron después del post sobre el mercado y estamos por los primeros capítulos de Young doctor´s netbook, una serie sobre un médico en Rusia, creo que antes y después de la revolución, recién empieza.

Es el quinto febrero que pasamos en bahía de los vientos, sin contar ese año que la descubrimos escapándonos de la navidad.
Empezamos viniendo con seis nenas. Ahora traemos cuatro más.
Y seguimos viniendo todos.
Una rareza, ni adolescencias ni incipientes adulteces se confabularon hasta ahora para que esto no fuera así.
De todas formas cada verano supongo que será el último, nadie crece en vano.

Si tuviera una cámara de fotos un poco mejor que la del celular o la de la compu sería más fácil explicar este lugar.
Ahora solo puedo probar qué verbo funcionaría mejor, fijar, congelar, coagular, petrificar, fosilizar, detener, frenar, cristalizar. Los paisajes y el tiempo.