viernes, 22 de agosto de 2014

Catorce


Imaginate que hace exactamente catorce años tenés un embarazo de ocho meses y días y salís a la calle a la noche y te das cuenta de que se te rompió la bolsa.
Imaginate que es tu tercer embarazo y que nunca antes en los otros dos te pasó eso, pero tenés ya tres cursos preparto y sabés que si el líquido que te sale tiene olor a lavandina, y sale un montón y no lo podés parar es la bolsa rota.
Entonces te ponés una toalla, dejás en algún lado a tus dos hijas más grandes, te subís al auto y te vas a internar.
Y sabés que siendo el tercer parto va a nacer rápido, capaz que ni te tienen que poner goteo ni nada.
Ni pasás por preparto, te cambiás, te meten rápido en la sala de partos, son las diez menos veinte de la noche. Te dejan sola, no hay enfermeras, van a hacer tiempo para que te toquen las que entran a las diez, no las que se están yendo.
Nunca te dolieron demasiado las contracciones, pero esas en esa sala de parto, en la que te dejaron sola te duelen mucho, te hacen temblar todo el cuerpo, desde abajo hacia arriba y te dan frío, mucho frío.
Por fin, llega el médico, te revisa, escuchás que alguien dice esperemos al anestesista y que el médico dice ningun anestesista el chico está acá y otra vez ese temblor frío, el dolor, el llanto, el cordón que se corta, el bebé contra tu cuerpo.
Y te das cuenta de que pariste asi, de golpe, pariste sin el líquido helado de la peridural corriendo entre tus vértebras.
Y te hicieron un tajo y te lo cosieron y todo sin anestesia.
Casi que te convencés de que ese es el dolor máximo que vas a sentir por un hijo.
En la pared, el reloj, esos relojes metálicos de las salas de parto.
Todavía no son las diez, si esperaban a la próxima guardia de enfermeras no llegabas.
No quiero que este sea mi último hijo pensás.
Hace catorce años tenían las cosas bastante controladas.

Después, ibas a aprender que todo es tan rápido.
Que el tiempo, en realidad, se mide con cuchillos.
Que hay algo invisible que nos vuelve los hijos estrellas fulminantes, lavandina, vidrio o furia, que duele, que lastima, que nos hace blanca la sangre, morada la paz, rojas las cicatrices.

Y pasados catorce años mirás otra vez a tu alrededor: podés sentir las músicas de hojas, las piedras de espuma y las almas mariposa en tantos ojos desatadas.
Pero, te acordás de la frase de la presentación de La hora violeta en la Feria del libro, la de que todos los hijos que se nos mueren son hijos únicos y por una milésima de segundo te querés volver a sentir tan sola como en esa sala de parto hace catorce años, encerrada en nadie y en nada.
Poder escribir por un instante brevísimo, que todo es una mierda.

Para después, como siempre, armada, acorazada, almenada, gigante de cristal, volver al mundo.




miércoles, 20 de agosto de 2014

Las camas


Fin de semana de sol, de club, de cortar ramas, de limpiar la pileta, de lindos encuentros, los primos, camila, ceci, julio, la máquina de hacer pochoclos.
Y el pobre Fernando de Herrera, abandonado, arrumbado, sin remordimientos, antes estaba más convencida de que era buen poeta, ahora no tanto, me aburre un poco.
Mucha teoría, limpieza del lenguaje, claridad, retórica, un poco no, me aburre bastante.

El jueves pasado, antes de la clase, fui a cambiarle unas calzas a Ro, que le había regalado su padrino, le quedaban chicas y logré convencerla durante tres días para que no se las pusiera pero más tiempo ya no pude.
Lidia me dijo que quedaba cerca de Puan, así que aproveché el viaje, pasé dónde se las habían comprado y se las cambié por un talle más grande. Para llegar tuve que hacer otro recorrido y fui por una calle llena de fábricas de muebles, para livings, para jóvenes, para niños, para bebés.
Me quedé mirando los negocios hasta que la bocina de un auto que estaba atrás me hizo dar cuenta de que el semáforo se había puesto verde.

La capacidad hotelera de la casa ya está saturada, Loli y Tótal cada vez duermen peor y sus padres cada vez duermen menos. Así que el sábado a la mañana nos levantamos relativamente temprano y nos fuimos con Luis a la calle de las cunas.
Primer negocio que entramos, camas buenísimas, más que camas eran dormitorios portátiles, traían todo incorporado.
Aprendí que no existe más el concepto cama marinera o cucheta, son superpuestas, rinconera, desplazada. Necesitamos dos módulos de tres camas le decimos al vendedor, nos muestra el dibujo de una para mandar a hacer especialmente con cajonera, ropero, escalera y no sé qué más. Melamina.
Nos dice el precio, hago un cálculo mental. Las dos camas o las seis mejor dicho salen casi lo mismo que la diferencia que tendría que poner si vendo mi auto para mi Nissan march azul eléctrico.
Agradecemos, salimos rumbo a otro negocio.

Entramos en uno más sencillo, había que subir tres escalones y ni bien entrábamos bajarlos, es decir quedaba como una tarima en la entrada, nos atiende un señor grande, nos empieza a mostrar las camas, más convencionales, menos modernas.
Yo tenía a upa a Tótal y Luis a Loli, en la tarima había quedado parada una señora mayor, la esposa del hombre. 
Nos mira a los cuatro un par de veces y me dice: “Se le juntaron bastante”, “No, son mellizos”, claro Tótal es cinco veces más grande que la hermana. “Ah qué trabajo que deben dar, pero no los mande a guarderías, tienen a los chicos sin cambiar toda la tarde, todos pillados” “No, los mando al jardín desde la sala de dos, antes no van a ningún lado”, me gusta conversar con la señora, parece amable, se me hace más simpática aún cuando me dice “ Y no los mande a colegio particular, a mi nieto lo hacían rezar” “ Van a una escuela pública” contesto, seguimos hablando, me pregunta ¿y necesitan una cama para ellos?
No, para los hermanos, le contesté, breve y oscura, como diría Herrera, para no avanzar mucho por ese lado.

Pero la mujer claramente quería seguir hablando,y llegó la pregunta temida. Diez le contesté. Siguió por caminos impensados. Casi retándome, parada en la tarima, se lanzó con el “espero que se haya ligado las trompas” “bueno, no” le dije dándome vuelta para ir a interiorizarme del tema camas que éstas sí se notaban de madera maciza. Y “entonces cómo se cuida” siguió la conversación, “no, bueno”, musité “no tome pastillas, no tome pastillas que hacen mal”, “no, no” ahí ya perdí toda claridad y retórica herreriana y no sabía que vocablo elegir, “que se cuide él, que se cuide él, que mi abuela tuvo un hijo a los cuarenta y ocho años y en esas épocas que no había nada, ni ecografías, ni nada, vino de Italia muy joven,hace más de cien años, que se cuide él”. “ No sí, ya sé”, mucho más para decir no tenía.
Volvió Luis, el hombre ya le había explicado todo. Madera maciza y precios mucho mejores.
No me comentó si ellos también habían conversado sobre métodos anticonceptivos
Le doy un beso a la señora a quien dejo hablando sola.

Tercer negocio. Entramos, buscamos camas para tres chicos. Otra mujer, dieron con el lugar perfecto, soy experta en camas para tres.
Llegamos al punto de la conversación donde relatamos que somos doce.
Nos cuenta la historia de una familia que conocía, parecían los Ingalls,eran un montón, pero no eran de la colectividad, ah nosotros tampoco le decimos, ni muy católicos, nosotros tampoco le decimos, No -sigue nuestra nueva interlocutora con su razonamiento- estos Ingalls no eran ni de la colectividad, ni ortodoxos ni católicos, eran de otra religión, de una que no se cuidan.
Pienso que no conozco esa religión, que podría ser la nuestra pero no se lo digo a ver si ésta también me reta.
Igual las camas eran las mejores, madera maciza y buenos precios.

Puedo sacar una diferencia para mi auto azul eléctrico. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

El globo rojo






Este post era para subir el domingo. Día del niño.
Pero, estoy acorralada por Garcilaso, sus Églogas y la canción V, ahí, amarrada a la concha de Venus y a la interesante problemática de la oda en el siglo XVI, si es horaciana, pindárica o anacreóntica.
En el camino quedaron mis clases de sevillanas y de castañuelas.

El sábado festejamos los cumpleaños de Sonsi y de Ro. Desde el año pasado que adoptamos la modalidad del festejo conjunto. Sobre todo porque cumplen con quince días de diferencia, porque el de Ro toca siempre para festejar el sábado del fin de semana largo de agosto y porque como vienen muchos grupos de hermanos, muchos amigos de hermanas y muchos amigos de siempre, las tres cuartas partes de los invitados son los mismos y es un abuso convocar a la misma gente dos veces en un mes para festejos similares.
Así, el sábado la casa se abrió para recibir alrededor de cuarenta y cinco chicos de entre uno y trece años, que se pasaron cuatro horas en un inflable puesto en el jardín, una especie de sala de juegos en el garage y una paciente maquilladora que les hizo mariposas, hombres arañas y caballitos de mar a todos los que quisieran.
Xime y Vero, como madrinas de la fiesta, prometieron pintarse pero después se olvidaron.
En la reja, como siempre, los globos y en la puerta dos carteles de años anteriores a los que convenientemente les cambiamos los años y los nombres para actualizarlos.
En determinados momentos todo devenía un caos, por ejemplo cuando sonó el timbre, Rosario abrió la puerta y entra un hombre con una pila de cajas de pizza que nadie había pedido y que, frente a la afirmación de que estaba equivocado, me respondió muy seguro: “No, mirá que puede ser para el próximo evento”. Así, entre los gritos de los niños, tuve que convencer al hombre de que nuestra casa no era un salón de fiestas, que no había evento próximo y de que el confundido era él y no yo, pese a lo que todo lo exterior parecía indicar.

O por ejemplo cuando veo a dos niños desconocidos deambulando por la casa con un regalo en la mano sin saber a quién dárselo, le pregunto al mayor si ese regalo era para Sonsi y me contesta qué Sonsi, le digo entonces es para Rosario, ah no sé, faltaba que me dijera yo vine para el próximo evento. Bajaron de un taxi me explica Xime y entraron, insisto ¿a qué colegio van? Al normal 10, me tranquilizo, había prácticamente un niño de cada sala y de cada grado, a alguien iban a conocer.

El domingo. Día del niño.
Luis y yo agotados, el día horrible, no fuimos al club al festejo del día del niño y nos quedamos en casa en la que además de las diez nuestras quedaban los ecos de las casi cincuenta criaturas que la tarde anterior habían estado por todos lados corriendo y gritando.
Compramos seis regalos casi de compromiso, luego de recorrer por lo menos tres jugueterías inundadas por tíos, abuelas o padrinos que compraban sus primeros regalos del día del niño para los que requerían asesoramiento super exclusivo de los vendedores.
En eso nosotros también tenemos la ventaja de que todos, absolutamente todos los juguetes existentes en las góndolas pasaron en estos veinte años por los canastos del play room. Y ya sabemos qué se rompe rápido y qué no.
De todas formas en algún momento me voy a decidir a hacer algo que quiero hacer hace bastante, comprar un solo regalo para todos: un juego de crocket.
Igual tendrá que ser un poco más adelante, cuando ya todos crezcan lo suficiente para entender que los palos sirven para el juego y no para dárselos por la cabeza a los hermanos.
Quedaron fuera del reparto los dos chiquitos que no entienden nada y las dos grandes que se gestionan sus propios obsequios. En realidad Tótal no, se dio cuenta de que a los hermanos les tocaban unos autitos nuevos así que le envolvimos un autito viejo de Octi y lo desenvolvió lo más contento. Loli nunca se enteró.
En los cumpleaños de antes, de hace treinta o cuarenta años, pasaban películas en súper 8, los tres chiflados, travesuras de una bruja, el globo rojo.
A El globo rojo además la ví en el cine. Película triste, tristísima.
Hace un tiempo la recuperé para Maite una mañana helada de sábado mientras esperábamos que Valen trajera sus notas de los segundos parciales del curso de ingreso a primer año.
Me siguió pareciendo triste, tristísima.
Hace mucho menos tiempo la recuperé para Rosario, Octi y Estani, les encantó, se terminaba y me pedían que se las pusiera otra vez.
Fue ahí que me avivé que el protagonista es el hijo del director.
Me la imaginé mucho más simple de lo que la había pensado, seguro el chico volvió de un cumpleaños, seguro que se le pinchó un globo, seguro que lloró tanto por el globo que el padre, en lugar de prometerle que le compraba otro filmó la película.
Un lindo regalo para el chiquitín, mejor que un globo nuevo, mejor que los de los días del niño.
La infancia, locus amoenus.
Y entonces la película ya no me parece tan triste.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Vero


Pienso y no puedo acordarme del cumple de Vero de hace treinta años, el del ´84.
Me acuerdo el de primer año, que fue un poquito antes de la vacaciones de invierno, que yo tenía unos zapatos espantosos de los que Mariu se pasó toda la noche riéndose, del del ´85 que fue una fiesta de disfraces que me puse el traje de zamorana, el ´86 de la fondue de queso y damajuanas de vino disponibles para treinta criaturas de dieciseis años con todo lo que eso implicó, fisuras como dirían mis hijas mayores, el del '87, que nos agarró en Bariloche festejando con kilos de chocolate en la habitación de ese hotel deprimente.
Pero no me puedo acordar del de segundo, el del '84.
Y calculo que si yo no me acuerdo, Vero menos, porque con Ceci somos nosotras la memoria del trío.
Es que son muchos cumpleaños juntas desde, vuelvo una vez más, esa historia fundacional y emblemática de nuestra amistad, la del nido de hornero en Laguna Seca, que obviamente todavía está ahí, en el techo resistiendo vientos y calores.
Treinta años y un poco más, si me salen las cuentas.
Cole, recitales, fiestas, películas, marchas, la heladera de Hermócrates llena de sidra o las noches delirantes durante años en la casa de su abuela armando la huella y el río hasta las siete de la mañana, único disparatado plan del trío que llegó a destino.
Más acá, la noche esa que hicimos muertas de risa perder a todos en los suburbios de Paris, el cumple de Pili de un año, que estuvimos toda la tarde cocinando, la genial historia de su vecina armenia de San Francisco que tenía un armiño como mascota y muchísimo más acá las idas juntas al conicet, las marchas reloaded o los brunchs en Malvón con Ceci sin la que no funcionamos completas.
Y las cosas que nos quedan por hacer, el viaje a Machu Pichu, el secreto del mueble de su cocina que ya se debe haber secado, seguir viendo crecer en conjunto a nuestras criaturas, compartiendo la risa que nos vuelve treinta años atrás y nos devuelve la transparencia.

Ayer, cuando Luis me llamó por teléfono para contarme que había aparecido el nieto de Estela y después de ir a avisarle a Lucas que un poco se le llenaron los ojos de lágrimas pero que otro poco, frente a mi llanto, debe haber pensado esta loca además de no gustarle Messi llora por cualquier cosa, pensé en Vero y medio grasa en qué lindo regalo de cumpleaños que era esta noticia para ella.

Hoy estoy hasta las manos preparando unas clases de Garcilaso y teniendo que entregar un informe cuya (o cuyo no sé cuál es el género que corresponde acá) dead line fue antes de ayer.
Pero a la noche vamos a brindar hasta morir por los cumpleaños que nos acordamos y por los que no nos acordamos, por la amistad que siempre hace más fácil lo difícil, por la solidaridad adolescente y por la vida.



lunes, 4 de agosto de 2014

Vacaciones. Final


Y se acabaron las vacaciones de invierno.
Ayer razonábamos con Luis y con Camila que ese atardecer de domingo es tal vez el peor momento del año. El domingo previo al comienzo de clases, en marzo, trae consigo la novedad, los niños en nuevos grados, nuevos maestros, nuevos compañeros, nuevos horarios.
La segunda mitad del año, por el contrario, no trae novedades, tiene cargado el cansancio de la primera, el gusto de escasos quince días de vagancia y la percepción ya comprobada empíricamente en otros años que en estos meses que quedan todo cuesta más.
Anoche, alguien debe haber pensado lo mismo que nosotros y se decidió a actuar, se adelantó a uno de mis deseos primarios que nunca fui capaz de llevar adelante, le prendió fuego al container de basura de la calle; ardía con un olor a plástico quemado, se vislumbraba una llama naranja debajo de la tapa gris hasta que algún vecino solidario consideró que debía apagarlo con una manguera antes de que explotaran los autos que estaban estacionados por ahí.

Así, se acaban las vacaciones.
Muchas funciones de teatro gratis en lugares diversos, salidas al aire libre, idas y venidas a casas de amigos, de amigos a casas, visitas y encuentros con madrinas y padrinos, comidas, picnics, paseos, veredas de bicis, de patonas, de skates y para completar todas las temporadas de la pantera rosa que les bajó Luis para los momentos en los que quedábamos sin salir a pasear.
Y a la noche unas películas malísimas de tornados, de tiburones de dos cabezas, de cocodrilos asesinos.
Loli que aprovechó a sus hermanas y hermanos que estuvieron todos los días en casa y que sumó bastante vocabulario inteligible a su inteligible lenguaje.
Tótal que sigue siendo un bebé.
Muchas noches poner la mesa en la que había que hacer entrar y alimentar a más de quince personas.
La noche del cumple de Sonsi llegar a un restaurant medio lleno y ocupar nosotros solos casi toda la planta alta bajo la mirada compasiva de los otros comensales que no entendían si éramos una familia o un nuevo plan del gobierno.
Se acabaron las vacaciones. Y también se acabó el jamón.
Y llegan el mejor Garcilaso, Herrera y otra vez Góngora, el que en campos de zafiro pace estrellas.

Pero, si fuera posible: dejar todo compromiso laboral, académico, administrativo, solo escribir este blog, encerrarme con Luis y con mis hijos, preparar tranquila la fiesta de cumple de Sonsi y de Ro, no tener que faltar todo agosto a mis clases de flamenco, poder comprarme mi auto azul eléctrico, disfrutar todos los fines de semana de mis amigos, retomar tranquila Homeland en septiembre con Carrie pero también con Brody, traerme el pendrive lleno de películas que me graba Patricio, seguir viendo las películas malísimas de los tiburones en la nieve y durmiéndonos a cualquier hora enredados en las plumas que larga el acolchado, llenar la mesa de adolescentes divertidas los viernes a la noche, pasar todos los días un rato por el Zamorano, diseñar unas camas ultramodernas para que duerman cinco en un cuarto, ganarme otro jamón, encontrar el capitulo ese de la pantera rosa del arca de Noé, el único en el que la pantera hablaba que todavía no pudimos ver, el que daban siempre cuando yo era chica a la hora que mi papá volvía del consultorio.

En fin, floridos y sombríos, vivir de vacaciones de invierno.

miércoles, 30 de julio de 2014

Altas vacaciones


Dos fines de semana antes de las vacaciones de invierno fuimos con las cuatro nenas del medio al cine. Acababa de jugar Argentina y en la tarde del sábado solo volaban las hojas entre algún bocinazo de festejo; las calles, el cine, las escaleras mecánicas, vacías.
Fuimos a ver una película extraña, me había pedido Consu, una mezcla de Harry Potter, mini espías y no sé qué otra cosa. Nos gustó bastante, pudieron compartir pochoclos y reconocer dos lugares: la facultad de derecho, donde hace justo un año Xime protagonizaba una escena de la Familia Ingalls en medio del congreso de la AIH y el parque de la costa que me sigue partiendo el alma.
Parte de la acción transcurría en una ciudad fantasma y oscura, se llamaba Zilv o Zilf o algo así, había casas diminutas cerradas, castillos abandonados y un cerebro mágico gigante en una especie de palacio árabe. Cuando salimos del cine les prometí, ahora en las vacaciones de invierno con papi los vamos a llevar a todos a Zilv.
A los dos días cuando busco a los chicos en el jardín Marisol, la maestra de Ro me pregunta ¿dónde es que van a ir de vacaciones de invierno? A ningún lado le contesto, hace rato ya que apenas podemos movilizarnos en febrero para ir a Quequén, ah porque Ro me dice un lugar que no le entiendo y de atrás Ro grita a Zilv, mami, a Zilv.
Me río, estamos criando niños chiflados le explico a Marisol.

La primera semana se desenvolvió bastante tranquila, teatro gratis dos veces, títeres para los más pequeños, la historia de los piratas, en la que se coló Valen que ya la había visto cuando era chiquita, idas y venidas a casas de amigos y amigas. Hasta el jueves, día en que habíamos planeado emprender el paseo a Zilv o Zilf, o no sé cómo se llama, que por supuesto no es otra cosa que la ciudad de los niños.
Y allí fuimos. Hacía tiempo que no teníamos asistencia completa, Valen que estaba aburrida, Pili que la primera semana se la tomó de vacaciones, los doce disponibles para salir a pasear. Los dos autos, casi cuarenta sandwichs, dos botellas grandes de coca, dos leches larga vida, galletitas, pañales, un tarrito de nesquick para la tarde, la lona.
De Maite para abajo no tenían mucha idea de dónde estaban, no entendían qué era, hordas de gente, todo embarrado, un parque de diversiones no del todo seguro y extrañísimas construciones a los costados.
Todos felices, corrían de acá para allá, arrastrando el cochecito de los mellizos recorrimos ese lugar sin lógica, unos castillos en miniatura, una plaza diminuta, un museo de muñecas un tanto espantoso que olía a naftalina, hay olor a la casa de la abuela dijo Sonsi. Cuando estamos saliendo del museo, que inmediatamente reconocieron como la casa del cerebro mágico veo a Consu en el libro de visitas con una cursiva medio temblorosa poniendo me gustaron mucho las marionetas, consu.
Después, en el supuesto parque de diversiones, fueron a unas hamacas voladoras que no se podían levantar demasiado del piso, a una calesita de camiones que no les andaba la bocina, a un tren fantasma que duraba medio segundo y del que salieron como si vinieran de The Haunted Mansion. 
Y mientras,no casualmente, el padre les relataba a las más grandes el mito urbano de que Walt Disney se inspiró en este ámbito para crear Disney.
Iban los seis del medio hablando entre ellos, parecían salidos de Cuenta conmigo. Hoy espero no tener pesadillas decía Ro, nosotras gritamos decían las hermanas, Octi y Estani seguían contándoles sobre las bocinas que no andaban.
Pensé, haciéndome eco de las reflexiones de Soledad, con que poco se conforman estos niños. Insisto con mi idea, criaturas estalinistas, o tal vez  peronistas   no por convicción sino a la fuerza.
Llegamos a casa de noche después de cruzar la ciudad llena de gente por todos lados.
Las luces de la nafta titilando en los dos autos, los chicos dormidos.

Las vacaciones siguen aunque de a poco se van acabando: club, museos, equivocaciones de horarios, teatros gratis, una metavacacional versión de El Mago de Oz.
Sonsi que espera su cumple con un broncoespasmo brutal que no la deja respirar


Los pocos momentos tranquilos los paso entre Garcilaso y Herrera, encontré las llaves del auto, las sacó Consu de su mochila del cole donde seguramente las había puesto su hermanita Loli.
Así, estuvo llevando y trayendo las llaves a la escuela durante casi quince días todas las tardes.

Al día siguiente de la excursión, cargando nafta bajó una pareja de chicos de una moto, super prolijos, preciosos, la moto impecable, azul, brillante. Los ví tan enamorados entre ellos y de su moto que me acordé que sigo queriendo el Nissan march, azul eléctrico, cromado, con llantas y cámara de marcha atrás, para pasear con Luis, para ir a Zilv, a Zilf o como se llame.
Pronto los lunes, el abismo. Pero, por suerte, ya casi termino de aprender la segunda copla de las sevillanas.

Y descubrí esta joya.

martes, 22 de julio de 2014

Vacaciones. Inicio

El comienzo en la tarde del viernes, la paz de filología con Patricio y Patricia.
La lindísima fiesta de cumpleaños de Soledad con la que abrimos el viernes a la noche la temporada de supuesto descanso de las vacaciones de invierno.
Octi y Estani el sábado en el sube y baja del club en el que nos quedamos hasta que se fue el sol.
El super partido de fútbol que jugamos, que ya se está convirtiendo en una costumbre de salidas al aire libre. La atajada que me embarró todo el jean.
La noche del sábado llevando y trayendo criaturas propias y ajenas de comuniones y hacia comuniones hasta las doce de la noche.
Las medias sucias de Kp, dando vueltas en el playroom el domingo a la mañana y Loli que limpió con ellas la leche que iba tirando de su mamadera.
La cena del domingo en la que multiplicamos los panes y dimos de comer con dos tartas a catorce personas.
La búsqueda de las cartas del Mundial, porque las figuritas ya fueron, con Consu y Ro en kioscos inexistentes cerca de Tribunales.
La obra de teatro gratis del lunes en el galpón cerca de casa. El recuerdo de Ruth.
La cola para pedir las entradas, la gente que pedía tres, cuatro, llegamos nosotros y pedimos ocho.
El agradecimiento de los actores, el llanto y la dedicatoria de la protagonista al terminar y el agradecimiento a sus amigos por haberla acompañado en sus tempora nubila.
Las ganas de consolarla al final de la función.
El abrazo infinito que le dí a Paula cuando fui a buscar a Maite que había ido a jugar con Tami.
Los wa con Adri y su regreso al hockey y a la vida.
La segunda copla de las sevillanas que me va saliendo de a poco.
El RIÁ con las castañuelas que también me va saliendo.
La humedad de lunes a la noche abajo de la autopista en la vereda desierta cuando terminó la clase.
Xime, Eleonora y Mariano que están preparando sus clases para el concurso y la sensación de que no los puedo ayudar como ellos me ayudaron a mí.
Los planes para reunirnos en algún lado con amigas de toda la vida a comer comida árabe.
Los planes para el asado del sábado de festejo del día del amigo, de Santiago y de cumpleaños de Néstor atrasado en el Zamorano.
Octi y Estani pidiendo por Enru.
La conversación con Juan.
La casi certeza de que el año que viene volvemos con Lidia a Ezeiza.
La certeza, compartida con Vero, de que cuando nos reímos retrocedemos todas casi veintiocho años a revender entradas en septiembre en las puertas del Luna Park.

La certeza de que cuando nos reímos seguimos siendo las de siempre.

jueves, 17 de julio de 2014

El cuartito

Hace un mes, un mes y medio que estamos durmiendo muy mal. La principal razón es que Dolores y Cristóbal están durmiendo muy mal. Y como duermen en nuestro cuarto si ellos no duermen nosotros tampoco. Primero pensamos que tenían frío, después estuvieron con tos y mocos, después creimos que eran los colchones de las practicunas, uno es durísimo, el otro se está desintegrando, no sabemos muy bien cómo porque no quedan restos ni de tela, ni de espuma de goma pero es evidente que se está desintegrando.
Desde que nació, Dolores se despierta a mitad de la noche a tomar la teta, la pongo al lado mío, le doy de comer pero ahora no hay modo de que la saquemos de nuestra cama y Cristóbal inquieto también se despierta, mira desde su cuna la de la hermana y como no la ve, se pone a llorar desconsoladamente.
Tienen un año y medio, la solución es, a todas luces, cambiarlos de cuarto. A esa edad no deberían dormir con los padres. Esta cohabitación poco tiene que ver con una crianza con apego para educar niños seguros de sí mismos, con vínculos fuertes y sin frustraciones sino que está más relacionada con cuestiones de espacio.
Ya no tenemos dónde meter las criaturas. Octi y Estani, por ejemplo, van a cumplir cuatro años y duermen en la misma cama, compartiendo además el cuarto con Ro.

Hace tiempo que estamos pensando posibles soluciones.
La primera construir un piso arriba, desechada inmediatamente, corremos serios riesgos de que se nos venga la casa abajo y no hay por dónde ubicar una escalera.
Otra: las dos grandes tiene cada una su cuarto, juntarlas en uno, imposible, no hay razonamiento que puedan entender y ya ni queremos hacer el esfuerzo.
Una más, la solución de la abuela, me informa, por acá cerca ví que venden una casa muy linda (Belgrano R). La mudanza no es una variable pero, por curiosidad averiguo, las casas que de afuera parece gigantes tienen como muchísimo cuatro dormitorios, no nos alcanzan y por supuesto, son carisimas.
La más posible que nunca llegamos a ejecutar: los tres varones en un cuarto con tres camas, nido, cuchetas, marineras o cómo se llamen y cinco niñas en otro cuarto con cinco camas, nido, cuchetas, marineras o cómo se llamen. Pero, por lo menos, renovar las camas. Ro, por ejemplo duerme en la cama que era de Abelino cuando era chico a la que la abuela le pintó en la cabecera con su mejor voluntad algo que intenta ser La Sirenita, no sé si porque le da miedo el dibujo, o porque se golpea la cabeza contra la madera que Rosario hace un tiempo pidió dormir del lado de los pies.
Otro caso: Consu duerme en la cama que era de Xime, a la que por alguna razón extraña el colchón le queda cada vez más grande y parece que se va escapando para afuera mientras la chica se hunde en un agujero sin fin.

En casa, al fondo del jardín, hay un cuartito. Cuando nos mudamos era un quincho que tiramos abajo pero decidimos dejar una parte, es un cuartito minúsculo con baño y cocina. Puede funcionar como cuarto de servicio, para quien tenga servicio. Nosotros probamos cuatro meses, la chica que estaba dormía hasta cualquier hora y Consu la tenía que ir a despertar alrededor de las 10 de la mañana para ver si empezaba a, por ejemplo, hacer las camas.
En alguna ocasión pensamos que era buena idea armar ahí una suerte de playroom, poner todos los juguetes, comprar piso de goma eva, en las paredes esos tableros de juegos. Pero después nos dimos cuenta de que para llegar los chicos tenían que atravesar el jardín con lo cual los días de lluvia no se podía usar.
En algún otro momento le propusimos a Vale que se lo arreglábamos y se iba ella ahí, asintió, pero quiero internet, wi fi, cable, 3 gigas, una nespresso, secador de pelo, planchitas y la tijera que arma los rulos. Desistimos, ahora que está con Kp,menos.
Otra opción, un cuarto de planchado para que Luis cuando plancha no lo tenga que hacer en medio del comedor con la ropa llenando las mesas y las sillas, imposible: la tabla de planchar está rota y Luis la tiene que apoyar en un silloncito del living para que no se caiga, no se puede trasladar un mecanismo similar a ese cuartito.

El otro día me gané un jamón, entero, con hueso, de aproximadamente siete u ocho kilos, goteante de grasa, si se me permite el neologismo.
Fue en medio del Mundial por lo que en casa la noticia pasó bastante desapercibida. En una rifa de una comida, me fui antes y les dejé a mis compañeros de mesa los números que había comprado. Cualquier premio que me saque quedénselo les dije, menos el jamón.
A la media hora de irme me estaban entrando mensajitos, wa, mensajes en el contestador avisando la feliz noticia, me enteré a la noche tarde, había dejado el teléfono en silencio para ver tranquila el partido de Costa Rica- Grecia.
Encima el jamón se lo quedó Néstor, y lo ví recién el viernes pasado, así que, Mundial finalizado, jamón en casa empezamos los preparativos para cortarlo.
Hace mucho tiempo nos regalaron un pie para el jamón, era en una época en la que a Luis le regalaban, entre otras cosas, jamones. Casi diez años después, con muchas mudanzas en el medio, yo lo dí por perdido pero, revisando y revisando llegué al cuartito. Entre huevitos de bebés, baldes de playa, baldosas que sobraron de la obra, bicicletas, cajas con papeles y otras porquerías estaba el pie del jamón.

Ahora lo podemos cortar y lo podemos comer

Me gustaría hacer una jamonada, invitar a todos los que quieran venir, a esta casa en donde ya no entramos, que necesita varias manos de pintura, que tiene todas las paredes dibujadas, convidarlos a todos con sandwichs de jamón, con vino, con cerveza. Una linda jamonada.
Y un tip: A fin del año pasado Pili hizo una fiesta con chicos del cole, más grandes, de una agrupación política en la que participaba. Por los comentarios de algunos que vinieron a la fiesta estos muchachitos y muchachitas fueron quiénes le dieron el mejor uso al cuartito.

Para la jamonada lo habilitamos.

martes, 8 de julio de 2014

El equipo


El sábado pasado, un lindísimo día de invierno, un rato antes de Brasil y Chile nos tomamos un tren hacia Manzanares
Octi y Estani querian hace rato ir a pasear en tren.
Vimos que habían inaugurado unas estaciones del San Martín pasando Pilar, que una de ellas era Manzanares donde habíamos ido hace un tiempo a un restaurant lindísimo.
Los trenes pasan por Chacarita que está cerca de casa, se los ve nuevos, de un celeste fuerte. Luis los toma para ir a los tribunales de Retiro, andan bien.
El viernes a la noche ya lo habíamos decidido pero no les dijimos nada para que no empezaran veinte horas antes a prepararse. A la mañana organizamos todo y emprendimos la aventura.
Fuimos con siete, las tres más grandes se quedaron. Vale porque estaba en lo de Kp, Maite porque se tenía que ir a hacer un trabajo de Naturales a lo de una amiga y Pili porque se quedó para llevarla.
Sin posibilidades económicas a esa altura del mes de ningún restaurant donde ir a almorzar casi diez personas, Luis cocinó unas milanesas, las guardamos en una mochila junto con pañales, toallitas, vasos y rollo de cocina.
Sacamos de abajo de la escalera el cochecito doble, subimos todos al auto prevenidos media hora antes del horario en que pasaba el tren, teníamos que comprar el pan para los sandwichs y los boletos.
Dejamos el auto sobre Corrientes, justo en la entrada de la estación, cargamos la sube y caminamos, todos de la mano, hasta el andén que estaba lejísimo. Perdida, en un recoveco por el que había que pasar antes de llegar a los bancos del andén parecía haber una panadería, comprar pan fue una misión imposible, me querían vender sandwichs de milanesas, ya tengo las milanesas, necesito el pan. No hubo caso.
Llegó el tren, hasta Pilar grita el guarda, subimos. El vagón no estaba ni lleno ni vacío. Quedamos todos parados y Luis con Loli y Tótal en el cochecito. Empieza el desfile de vendedores, los chicos miran todo asombrados, no saben viajar en otra cosa que no sea auto. Están felices.
Se desocupa un asiento, nos sentamos todas las chicas. Luis queda con Octi y Estani parado al lado de las puertas que no abren. De repente me doy vuelta y lo veo con Loli y Tótal a upa. No quieren saber nada con el cochecito. Los siento también conmigo. El tren de a poco se va vaciando. Pasamos por Bella Vista, nos acordamos de los veranos con los más grandes. Jugamos a Mari, mari po, mari, mari sa. Sigue el desfile de vendedores. Compramos turrones para entretener a los más chiquitos que después de una hora de viaje ya están un poco inquietos.
Después de José C. Paz el tren empieza a atravesar el campo, vemos caballos, chanchos. Ro pregunta si cuando lleguemos se van a poder subir a una vaca. No, le dice Consu muy seria, para montarse a una vaca hay que pagar.
Exactamente noventa minutos después de habernos subido, bajamos en Manzanares.
Conseguimos pan en una pizzería cuyo dueño nos vende el que tenía para consumo personal. Hay unas plazas gigantes al lado de las vías, tendemos la lona y hacemos nuestro picnic, se suma un perro para alegría de Tótal y fastidio de Estani.
Cuando terminamos de comer jugamos un rato al fútbol, nos olvidamos la pelota pero usamos el envase vacío de coca. Con eso hacemos goles, defendemos, atajamos y la tiramos afuera. Antes de que pase el tren de vuelta volvemos a la pizzería compramos helados de palito para todos, en una tele que se veía pésimo, Chile le estaba aguantando a Brasil.
A la vuelta alfajores, volvimos a mirar por la ventanilla e hicimos un ranking de los goleadores con la botella de coca.
 Un lindo partido. Un lindísimo paseo.

En la pizzería el dueño nos había preguntado si eran dos pares de mellizos y si eran todos nuestros, un clásico, faltan tres les dijimos. Ah, uno más y tienen el equipo de fútbol, otro clásico.
Llegando, el tren casi vacío, los chicos medio dormidos: me divierto pensando, como parte de la dupla de DT cómo formaría nuestro equipo, yo pararía un 4-3-3. De 2 Rosario, decidida, bien plantada, de 6 Maite, juega un poco sola pero también estaría bien parada, segura. Marcando puntas Octi y Estani, para que se crucen todo el tiempo y confundan a los delanteros. De 5 Tótal, jugador fundamental, le falta un poco pero cuando crezca va a ser un pilar del equipo. En la línea del medio lo acompañan sus dos hermanas mayores, las conductoras, se cargan, ya lo han hecho, el equipo al hombro, suben, bajan, recuperan pelotas, marcan y muchas veces hacen goles, van y vienen. Antes se llamarían carrileras. Valen saldría con la cinta de capitana, está mejor porque es más grande, pero Pili también promete en ese puesto. Ambas tienen la exclusividad en los retos de la dupla técnica.
Y arriba las tres mejores delanteras. Sonsi de 9 en el medio, molestando a los defensores rivales cuando quieren salir, pegándoseles en todos lados de la cancha, protestando bastante y fingiendo faltas con algo de llanto. Loli, 7, suelta por arriba, una jugadora bien independiente, una promesa de gol y de sonrisas de festejo. Y finalmente Consu, un 11 de área, siempre a la pesca, las tres cuartas partes del partido en su mundo, pero cuando agarra la pelota no hay quien la pare.
Y en el arco, cuando la defensa ya parece superada y el equipo está a punto de ser vencido, Felipe, arquero de cometas, de estrellas fugaces y de meteoritos, el mejor arquero del universo.
Y una multitud de jugadoras y jugadores ya no propia pero a préstamo en el banco de suplentes.
Y otra multitud de amigos en el cuerpo técnico.

Esto logramos en estos 6 mundiales. 20 años juntos.

Cierro los ojos y me imagino a toda la delegación en Rusia 2018, sacándose una foto, frente a San Basilio  en la Plaza Roja.

miércoles, 2 de julio de 2014

La Raulito

Aprendí el fútbol desde chiquita, con mi abuelo, mi papá, mi hermano, mis amigos del cole, la mayoría de Boca menos Hernán que es de Independiente y Luis.
Pero aprendí también a no opinar mucho de fútbol entre varones.
La mayoría nunca toma lo que una mujer dice del mismo modo que si lo dijera un hombre, hay o como un gesto de comprensión como a quién le falta algo y se lo comprende o una mueca de burla, casi la misma imagen de cuando Vero fue a la tele a hablar del Papa Francisco, figura tan presente en estos días mundialistas, y el hombre que tenía al lado le hizo como que estaba loca.
Y peor con los hinchas de la selección.

Por eso y sobre todo en los Mundiales el lugar de las mujeres está relegado a un paneo analítico sobre los jugadores más lindos, de mejor cuerpo, los más hombres, tal vez hasta para llegar a esto que muestra que ahora son selfies en boxer pero antes había un un fotógrafo dispuesto a todo.
Pero más que nada significa que cuando en un equipo falta el fútbol así es como se construyen los héroes, así y con la tele, repitiendo una y otra vez las mismas jugadas, los mismos epítetos, relatando siempre un mismo partido con los mismos tres o cuatro jugadores, la toquen o no la toquen.
De allí a lo futbolístico, un abismo y el discurso masculino que moldea, regula y dosifica pero con una bandera argentina atrás.
Y todos quedamos contentos y cómodos.

Por eso no arranco del todo con este post, porque me parece estéril, vano. 
Y encima, elegir y decidir quién y cómo posee el carnet de verdadero hincha, de verdadero interpretador, lo hace estalinista aunque eso no sería un problema tan grave, estamos acostumbrados, una familia de doce personas funciona, o creemos que funciona solo bajo un férreo stalinismo.

El hincha de la selección es un hincha acrítico, televisivo, una ignorante wikipedia actualizada cada minuto con saberes útiles e inútiles del mundial que se está jugando. Allí no hay discusión posible, ni diálogo.
Pero, por las circunstancias de mi cotidianeidad, me tocó compartir el espectáculo de los partidos con Kp y con Lucas, dos hinchas de fútbol, dos chicos que van todos los domingos a sentarse a la popular de River.
Veo los partidos, grito, puteo, critico, me enojo y ellos, como verdaderos hinchas de fútbol deberían entenderme, darme la razón.
Me miran como si además de mujer y vieja fuera alienígena. ¿por qué no te gusta la Selección?- me dicen

Y la verdad que no les puedo explicar las diferencias entre el equipo argentino de México, de Italia incluso y esta selección lavada y tatuada que nos ofrecen las pantallas de la FIFA.
Que conocíamos a todos los jugadores, o porque habían jugado bastante en el fútbol argentino o porque seguían jugando acá, que el chino Tapia le pegó una en el palo a los ingleses, que Bochini les metió un taco o al revés, ya no me acuerdo, que estábamos enamoradas por juego y no por potredad del Tata Brown,un central que metió un gol en una pata o de Valdano que era un goleador.
No les puedo explicar que un verdadero diez es el que se carga el equipo en los tobillos, en las mandíbulas, en los huevos y no uno que da vueltas errático, egoísta, hasta que se le ocurre agarrar la pelota y hacer un gol para la tribuna. No les puedo explicar que los defensores pueden hacer algo más que pegar pelotazos al aire o al corner y que se puede ser un buen arquero y no dar rebotes y jugar un poco más adelante que abajo de los palos. Y que un nueve la tiene que revolear cincuenta veces, porque a lo mejor en la cincuenta y uno la mete y gracias a eso dejás afuera, por ejemplo, a Brasil.
Trato de decirles todo eso pero veo que no los convenzo, una vez más son varones asintiéndome a la fuerza, y éstos peor porque podría decirse que tienen una suerte de relación de dependencia, el yerno y el niñero.
Y repito me extraña que no me entiendan, ustedes que ven fútbol en la cancha todos los domingos, pero siguen con cara de nada, y ahí dudo un poco, capaz la que estoy confundida soy yo.
Sin embargo en algún punto lejanísimo del universo fútbol me dan la razón: ambos simpatizan bastante con Colombia, y no dicen por qué, pero es claro: el conocimiento que tienen de muchos jugadores de la selección Colombia por verlos jugar los domingos en River.
Creo, interpreto, decido que es por eso, quedo contenta,  el futuro puede ser peor .

Igual este Mundial tiene escenas buenas:

Mis tres hijas de la primaria saliendo exultantes de la escuela, las caras pintadas con banderitas argentinas después de ver los partidos en pantalla gigante. Y Consu, en su mundo, que me dice cuando hacen gol gritamos gol y cuando casi hacen gol gritamos uuh
Belgrano y Villa Urquiza se llenan a la tarde temprano, después de los partidos de la selección de parejitas adolescentes arrinconadas contra las paredes, huidos del colegio, festejando a su modo el triunfo argentino.
Veo todos, absolutamente todos los partidos. En la tele de mi cuarto ordené los placares, en la tele del playroom ordené todos los canastos de los juguetes. Sigo sin encontrar las llaves del auto
En registro minita chapeau para Puma por las camisetas pegaditas al cuerpo de los jugadores y por hacer que algunos usen botines rosas y en ese mismo registro el lindísimo artículo de Lucía sobre Lavezzi. 

Y el Mundial sigue. Prometo un post más amable en días, cuando Argentina salga campeón.